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Un poco
de historia
La
caza fue el primer oficio del hombre, creo que cazar no es
matar, y que la persecución y el acercamiento final
a una presa exigen un esfuerzo físico y mental a toda
prueba. La caza es una actividad ennoblecida cuando se respetan
las leyes de la Naturaleza, o mejor dicho, respetar la ética
biológica, como así, las leyes sociales. No
es la cantidad lo que debe halagar el cazador, sino, el resultado
de una penosa espera, una interminable como agotadora caminata
o el estudiado plan para un resultado final. Esto significa
cazar con nobleza, calidad y por sobre todo, respeto. Quien
no lo entienda así, no es digno de llevar un arma de
caza. La belleza que supone la cacería con sus difíciles
alternativas, a las que se añade la condición
de la presa, hacen al cazador sumirse en la tensión
del momento, duelo que se repite inexorablemente desde antiguos
tiempos. No siempre se gana, o bien, no es necesario llegar
al desenlace final. La caza siempre fue una expresión
de las costumbres de cada época, una demostración
de valor, habilidad y nobleza. En la edad media, sólo
el señor feudal tenía derecho a la caza, y es
allí donde aparecen los furtivos, que hasta pagaron
con la vida ese amor atávico. Ha pasado mucho tiempo
desde aquella época, y las técnicas han evolucionado
creando estrategias venatorias más robustecidas, con
armas cada vez mas eficientes. Y es allí cuando el
cazador verdadero descubre la necesidad de perpetuar y proteger
las especies y aprende a respetarlas, naciendo de esta forma
una expresión de las costumbres, con la demostración
del valor, habilidad y nobleza. No se puede perder el contacto
con la Naturaleza, y por lo tanto, nosotros, los que nos tildamos
de cazadores, debemos constituirnos en sus máximos
y respetuosos defensores.
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